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"Ángeles caídos" en Ciudad Bolívar o cómo siguen matando a los ´pelaos´ en los barrios

Publocado en: http://colombiainforma.info

15, 17, 22 y 23 años tenían los jovencitos que fueron baleados el 2 de junio en el barrio Potosí de Ciudad Bolívar. Tres de ellos murieron y uno sigue en estado grave. Aunque los vecinos aseguran que los adolescentes "no andaban en nada", la policía y la fiscalía prefieren orientar la investigación hacia una improbable "guerra de pandillas" o "venganza personal". Ocultan así lo que ya es una práctica habitual en los barrios pobres de la periferia: la acción de matones que actúan en nombre de una pretendida limpieza social. No son hechos azarosos: sicarios y paracos proponen limpieza mientras ensucian de sangre joven las barriadas, de la misma forma que los personeros de la guerra, desde los máximos niveles de la política y del Estado, hablan de paz mientras avalan una guerra abierta o encubierta que sigue cobrando víctimas en el seno del pueblo, y en particular, en su juventud. La comunidad reaccionó organizando una jornada de repudio y movilizaciones con la consigna "Ciudad Bolívar, territorio de paz".

"Eran unos niños que con ninguno se metían"

Apenas pasaban las 7 de la noche del lunes 2 de junio, día en que se conmemora en Colombia la Ascensión del Señor. Bryon Medina, de 15 años, andaba con su hermano Edier, de 17, pasando el tiempo en la esquina porque el festivo no los había hecho trabajar. Los Monos les decían, en el barrio, donde todos los conocían. Los días laborales los dos salían a vender bolsas para la basura por las calles de Bogotá. Al parche en la esquina se sumaron Éver Mendieta, de 23, con otro amigo un año menor que él. Tampoco habían tenido trabajo ese día en la fábrica de mármol donde se ganaban su salario los otros días de la semana. Parchaban en una esquina del barrio Potosí, cerca de sus casas, en Ciudad Bolívar. Bromeaban, reían, echaban carreta como otras noches, no tan tarde, sin más molestia para los vecinos que algún tono de voz subido o alguna risotada. Qué otra cosa iban a hacer esa noche para pasar el rato, después de un fin de semana largo, aburrido.

Estaban allí, tranquilos. Y de tan tranquilos que estaban no se sorprendieron al oír llegar la moto, ni tuvieron tiempo de sorprenderse cuando los dos sicarios abrieron fuego sobre ellos. No los insultaron ni les recriminaron nada. Simplemente los acribillaron a tiros. Éver, el más grande, intentó correr pero también a él le dieron. Cayó muerto en el acto al igual que su amigo y que Byron, el más pequeño. Un poco más de suerte -si algo en todo esto puede denominarse "suerte"- tuvo Edier, que recibió tres balazos pero sobrevivió.

Blanca Pulido vive ahí cerquita. Cuenta: "Escuchamos la balacera, cerramos la puerta, dejamos pasar 5 minutos y salimos. Escuchamos entre 6 y 8 tiros. Mi hermano salió a mirar, los Monos estaban tirados ahí en el piso. Ya había una cantidad de gente. Los conocíamos, enseguida supimos quiénes eran los 4. Eran unos niños que con ninguno se metían, no eran ningunos delincuentes".

Naryuli era hermana de los Monos, la tercera de 5 hermanos. "No sé, no tenían amenazas, se dedicaban a vender bolsas. Salí de la casa, y cuando bajé ya estaban allí tirados", relató entre sollozos esa misma noche, consultada por el corresponsal de la radio La Cariñosa que se acercó al lugar. Su tío, Luis Orlando Moyano, confirma: "Estaban en la esquina de la casa, pasaron y los abalearon. Uno de mis sobrinos falleció pero el otro lo tenemos entre la vida y la muerte".

"Para que la vida siga siendo joven"

Las organizaciones sociales de Ciudad Bolívar se unieron y el jueves pasado parieron una convocatoria por la vida, que dice así:

"La oscuridad vuelve, llega con sus penumbras a nuestros barrios, sube la montaña y se instala en la paciencia de nuestros pobladores, de nuevo retorna el horror, viene a llevarse lo más preciado de nosotros, la vida, nos la arranca a pedazos, una a una, ante nuestras miradas de pavor consternadas por la velocidad de su ataque. De nuevo en la localidad del viento, el trabajo y el sudor aparece la sangre en las esquinas, corre rápidamente cuesta abajo, se aleja, huye del cuerpo que acaba de abandonar, se va con el mismo temor con el que nosotros presenciamos estos actos de barbarie en contra de una población históricamente abandonada a su suerte por los programas estatales. Ellos, nos referimos a los ángeles caídos, malvados no por su opción, esos seres de luz, pero muy carne y hueso, los pelaos, nuestros jóvenes".

La declaración completa fue leída en la actividad central, en la que confluyeron adolescentes desde distintos barrios hasta el sitio conocido como La Alameda, en la calle 77 Sur con carrera 45. Allí, unos jóvenes del barrio de las mismas edades que tenían Edier, Byron y Éver rapearon y se expresaron al ritmo del hip hop. También hubo distintas expresiones culturales a cargo de los estudiantes de los colegios de la zona, y aportó lo suyo la banda de rock Desarme, solidaria con la actividad.

Las manifestaciones llegaron desde tres puntos de Ciudad Bolívar: una columna salió del colegio Ices Potosí, otra del comedor comunitario Arbolizadora Alta, y la tercera del monumento Sierra Morena. Los adolescentes del colegio realizaron una marcha vestidos de negro y con sus rostros cubiertos con coloridas máscaras, en señal de luto y de protesta.

"Ciudad Bolívar acumula 15.000 asesinados en toda su historia, y la pena de muerte no está vigente en Colombia. Nadie tiene derecho a matar a nadie. Nuestros niños, jóvenes, padres y madres y la sociedad en general exigimos que en nuestra localidad haya Paz", expresó uno de los líderes comunitarios, también con el rostro cubierto por una máscara de sonrisa sobredimensionada, mejillas rojas y amplio bigote similiar a la que popularizó el protagonista de la película V de Vendetta, en homenaje al conspirador inglés de inspiración anarquista Guy Fawkes.

"Hacemos un llamado a la comunidad, a nuestros vecinos, a los que habitamos ese hogar maravilloso llamado solidaridad, los llamamos a gritos, a gritos desesperados para que cese la barbarie, para que seamos llama viva que enardezca el fuego de libertad y que no sea un fuego indolente y frío el que acabe con la risa, con los sueños, los juegos. Debemos ser ese ardor que impide que entren los bandidos, los señores pajarracos a llevarse lo mejor de nuestro ser, solo así seremos esa barrera que contenga esta maldita guerra, aquella que nos deja tristes, solitarios y abandonados con profundos huecos en el alma difíciles de llenar", leyeron ante un centenar de jóvenes y adolescentes, desde el micrófono.

La policía, la "justicia"

Un miembro de la policía andaba con su tablet, filmando a los manifestantes. Decía ser "parte de la comunidad" y con eso buscaba justificar su actitud. Pero la reacción de los organizadores hizo que el agente tuviera que retirarse. El rol de la policía es cuestionado por los vecinos, que insisten en que los jóvenes asesinados "no andaban en nada". La policía, en cambio, prejuzga y desvía la investigación. El coronel Luis Benavides, comandante de la Policía de Ciudad Bolívar, es quien instaló la idea de que los crímenes pudieran tratarse de "una venganza personal" o una "guerra de pandillas". Nada han dicho o investigado sobre las bandas criminales -Bacrim- que actúan en las barriadas en nombre de la cínicamente denominada "limpieza social". En cambio, les resulta más práctico derivar la responsabilidad a los miembros del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía, con la certeza de que nada se esclarerá.

* * *

"Buscamos la paz, pero una paz real, que ayude a completar y a realizar a los seres humanos en su totalidad. No queremos una paz con ´P´ de pistola ni con ´P´ de plomo, queremos una paz con justicia social", leyó, por último, uno de los jóvenes en nombre de las organizaciones sociales de Ciudad Bolívar.

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